Vinilos, chanclas y bolígrafos: cuando los plásticos despiertan recuerdos
5 de marzo de 2026Hay objetos que pasan desapercibidos durante años hasta que, de pronto, alguien los nombra y se abre una puerta a la memoria. Un bolígrafo mordisqueado en clase, unas chanclas que suenan en el pasillo en verano o una cámara desechable que circula entre amigos en una fiesta. Objetos cotidianos, casi invisibles, pero capaces de activar recuerdos tan poderosos como la famosa magdalena de Proust.
De eso trató la presentación del suplemento especial de marzo de la revista cultural Tinta Libre, Memorias de la edad del plástico, celebrada el 3 de marzo en el Espacio Ronda de Madrid. La publicación reúne relatos de diferentes autores que evocan experiencias personales a partir de objetos de plástico presentes en nuestra vida cotidiana. Una especie de viaje literario por la memoria íntima de varias generaciones.
Durante el encuentro, organizado con la participación de la plataforma EsPlásticos, varios autores compartieron los recuerdos que inspiraron sus textos. Y quedó claro que, más allá de su utilidad, los objetos también construyen cultura, identidad y relatos.
Los objetos cuentan nuestra historia
Jesús Maraña, director de infoLibre, abrió el acto recordando cómo ciertos objetos forman parte inseparable de nuestra biografía. En su caso, el recuerdo está ligado al tocadiscos familiar en su casa de León. En aquel pequeño jardín doméstico sonaban continuamente vinilos recién llegados de Londres. Aquellos discos eran casi tesoros familiares, protegidos con celo por sus hermanos mayores para evitar que alguien estropeara los últimos ejemplares adquiridos.
Hoy en día, Maraña sigue comprando vinilos. No solo por nostalgia, sino para que las generaciones más jóvenes de su familia puedan conservar el gusto por ese ritual musical que exige tiempo, atención y cuidado. “Como ahora revive lo vintage, uno parece moderno”, bromeó.
Ramón Reboiras, director de Tinta Libre, explicó que el suplemento nace también de una apuesta clara por el periodismo narrativo y los textos largos, un formato cada vez menos habitual pero muy necesario para contar historias con profundidad.
Según explicó, el ejercicio propuesto a los autores era aparentemente sencillo: encontrar un objeto banal capaz de despertar recuerdos y transformarlo en literatura. “Todos han hecho una mitología de algo muy sencillo”, comentó.
En su propio caso, los recuerdos se activan con escenas muy concretas: los balones de playa con los que jugaba al fútbol de niño o la imagen doméstica de servir vino utilizando un embudo.
Para Reboiras, el plástico es casi “la alquimia del siglo XXI”, un material omnipresente que forma parte de nuestras vidas y que, bien mirado, puede revelar historias inesperadas.
Incluso las gafas entran en esa categoría simbólica. Confesó entre risas que, aunque no tenía problemas de vista, de joven deseaba llevar gafas por puro entusiasmo intelectual. “Puedes ir desnudo y con unas gafas y vas vestido”, comentó entre risas, bromeó, reivindicando ese pequeño objeto como herramienta para ver… y también para ser visto.
El bolígrafo de perfecta ingeniaría
El escritor Carlos Risco eligió un objeto universal: el bolígrafo BIC. Para él, los objetos no son simples herramientas, sino casi sujetos con los que convivimos. Tienen algo de compañero silencioso, una especie de “camaradería” con nuestras rutinas.
El BIC, explicó, representa un diseño perfecto: un objeto tan bien concebido que prácticamente no ha cambiado con el tiempo. Presente en aulas, oficinas y mochilas escolares durante décadas, ha acompañado a generaciones enteras.
Y, por supuesto, también forma parte de pequeños rituales cotidianos: desde tomar apuntes hasta ese gesto casi universal de mordisquear el capuchón mientras se piensa.
La libertad de la cámara desechable
La fotógrafa y autora Leyla Méndez habló de otro objeto muy vinculado a la memoria: la cámara desechable. La definió como su “juguete petrolífero favorito”. No pesa, resiste prácticamente todo y no genera preocupación si se pierde o se estropea. Esa ligereza, según explicó, influye directamente en las fotografías. Las imágenes resultan más espontáneas, más frescas, menos calculadas.
Además, la cámara desechable introduce algo que hoy resulta casi revolucionario: la autoría colectiva. En una fiesta o una celebración, “cualquiera se atreve a usarla”. Así, la memoria del momento no pertenece a una sola persona, sino al grupo entero.
En contraste con la fotografía digital actual, Méndez lanzó una reflexión: quizá deberíamos disparar menos fotos para mirar más.
Vinilos, estética y mundos imaginados
El escritor José Ángel Mañas volvió también al universo del vinilo, recordando uno de los discos de su primera colección, mencionado además en Historias del Kronen.
Más allá de la música, destacó la dimensión estética del vinilo: las portadas, el diseño, la lógica de la cara A y la cara B. Cada disco era casi un objeto artístico completo.
Mañas recordó también el impacto que le produjo descubrir un disco del grupo Kiss. Mientras vivía en un barrio de ladrillo visto y toldos verdes y jugaba al fútbol en un parque improvisando porterías con dos piedras, aquella estética glamourosa y exagerada abría una ventana a un mundo completamente distinto. “El disco de Kiss evocaba un mundo exótico y lejano que a mí me tenía fascinado”.
La filosofía de las chanclas
Si hubo un objeto que despertó sonrisas en la sala fue el elegido por Paloma Leyra: las chanclas. Un calzado sencillo que, según explicó, es probablemente la prenda más democrática que existe. Las chanclas están asociadas a la infancia, al verano, al ritmo pausado de las vacaciones. No sirven para correr —y ese, precisamente, es parte de su encanto—. Obligan a caminar más despacio, a moverse a otra velocidad.
Con ellas no se pelea uno ni se estresa demasiado. “Te acompañan a lugares placenteros en los que es tamos cómodos: a la playa, al pasillo de casa, a pasear con el perro, al verano”. En definitiva, representan una forma de estar en el mundo más cercana al juego y al disfrute.
En definitiva, la belleza de lo cotidiano
Para cerrar el encuentro, Marta Gesto, directora general de infoLibre, destacó que el suplemento funciona como un espejo para los lectores. La propuesta no consiste solo en recordar los objetos que marcaron a los autores, sino en invitar a cada persona a preguntarse cuáles son los suyos. Porque, al final, la memoria también se construye con cosas pequeñas: objetos cotidianos que, sin darnos cuenta, acompañan nuestras vidas.
Y quizá esa sea la verdadera lección del encuentro: que incluso en algo tan simple como un bolígrafo, una cámara desechable o unas chanclas puede esconderse toda una historia.
Además de estos relatos, Jordi García y el misterio de los tubos y la lona azul de la piscina y “un arte plastificado” de Joaquín Jesús Sánchez han sido dos de los relatos “plásticos” que también se encuentran dentro de este monográfico.
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