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Los plásticos y la Economía Circular: un binomio inseparable para el desarrollo sostenible

El modelo de producción lineal dominante en la actualidad, basado en usar y tirar, ha demostrado ser insostenible económica y medioambientalmente. Por eso es imprescindible impulsar el cambio a un modelo que utilice menos recursos y sea capaz de gestionar adecuadamente los residuos que genera.

El nuevo modelo, que ya se ha bautizado como Economía Circular, cuenta con el impulso de lUnión Europea, que a finales de 2015 publicó un Plan de Acción para una Economía Circular basado en la eficiencia y eficacia de materiales y energías. Se trata de un nuevo paradigma productivo en forma de ciclo continuo en el que el valor de los productos, los materiales y los recursos permanecen durante el mayor tiempo posible, y la generación de residuos se reduce al máximo para hacer posible una economía baja en carbono, eficiente y competitiva.

Gracias a la implantación de la Economía Circular se espera reducir la generación de residuos urbanos hasta un 65% en 2030. Para ello los materiales plásticos son una pieza clave, ya que tienen la capacidad de ser recuperados y reutilizados como recursos. Por este motivo, la Comisión Europea publicó en enero de 2018 la primera estrategia europea sobre los plásticos, basada en el ciclo de vida de los productos y sus procesos de transformación.

Estrategia europea de los plásticos

La Economía Circular ofrece respuestas al reto de la sostenibilidad medioambiental gracias a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y de la dependencia de los combustibles fósiles, pero también es una oportunidad de negocio para toda la cadena de valor del plástico. Gracias a la inversión en soluciones innovadoras, los desafíos actuales se convierten en oportunidades. Pero para ello es necesaria la colaboración de todos, desde la industria hasta la comunidad científica, pasando por los ciudadanos y la administración.

Claves para la aplicación de la Economía Circular:

  • La aplicación de la Economía Circular a los productos plásticos comienza en el primero de los pasos de cualquier proceso productivo: su diseño. Por eso hablamos de ecodiseño, que supone tener en cuenta criterios de reparabilidad, posibilidad de actualización, reutilización y reciclabilidad. El ecodiseño implica un análisis del producto que permite una reducción de costes relacionada con la cantidad de materiales empleados, con un transporte más eficiente o con la mayor eficiencia del proceso. El resultado es un producto con menor huella de carbono.
  • La eficiencia de los procesos también es un punto clave en la aplicación de la Economía Circular, ya que implica un menor consumo de energía y una menor generación de residuos.
  • Otro término menos conocido, pero igualmente relevante, es el de simbiosis industrial. Se basa en la colaboración entre empresas para encontrar nuevos modos de usar recursos y aumentar ingresos. Consiste en el uso que hace una empresa o sector de los subproductos de otras empresas y sectores.
  • La utilización de materiales plásticos reciclados tiene generalmente un menor impacto ambiental que el empleo de material virgen y refuerza un concepto básico de la Economía Circular: RESIDUOS=RECURSOS. En el sector del envase, este aspecto representa una oportunidad en el caso de los materiales plásticos en contacto con alimentos.
  • El uso de materiales plásticos de origen renovable también puede suponer un beneficio ambiental. Su empleo debe ser optimizado y seleccionar el que proporcione en cada caso un menor impacto ambiental teniendo en cuenta todo el ciclo de vida. En cualquier caso, es fundamental que estos productos se usen en cascada con varios ciclos de reutilización y reciclado.
  • La reciclabilidad es una de las claves de la Economía Circular más conocidas y con mayor implantación. En 2030, el 100% de los productos deben ser reciclables. Esto va a implicar la creación de puestos de trabajo y una mayor disponibilidad de plástico reciclado en Europa, así como una contribución a la reducción de la dependencia de Europa con respecto a las importaciones de combustibles fósiles y emisiones de CO2.
  • Junto al precio de los productos, su sostenibilidad medioambiental es un factor que el consumidor cada vez tiene más en cuenta. Las etiquetas ambientales suponen una mejora competitiva que puede contribuir a aumentar las ventas de un producto.

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